sábado, 3 de enero de 2015

Fanfic 1.2: Harry Potter


2      Personajes de otro tiempo


-¿Es que no te preocupa, Hermione? -dijo Ron sorprendido por su reacción.
-Claro que me preocupa. Sólo digo que puede estar con Grawp o tal vez ha ido a ver a Madame Maxime...
-Pero se ha ido sin despedirse -dijo Ron.
-Ya lo hizo en otra ocasión -suspiró Hermione-. Cuando...
Los tres sabían cuándo había sido.
-Cuando Dumbledore se lo encargó -dijo Harry-. Hace tres años.
-Pero eso es diferente -dijo Ron-. Aquello fue para reclutar a los gigantes...
-De verdad, Ron... -replicó Hermione.
Pero Harry ya no les escuchaba. Tenía que terminar su redacción y no iba muy bien. Hacía alrededor de cuatro meses que todo iba relativamente normal, pero eso le parecía muy extraño. Le estaba resultando hasta difícil no tener problemas, no perseguir a... al que fuera el mago más tenebroso de todos los tiempos. Pero la vida seguía. Dumbledore, sus padres, Lupin, Sirius y todos aquellos que estuvieran en un lugar mejor, lo habrían querido. Y...
-Hola Harry -saludó una melena pelirroja por el hueco del retrato, que venía cargada de libros de la biblioteca.
-Hola Ginny -sonrió.
-Estoy agotada. No puedo hacer nada ahora mismo. ¿Quieres ir a dar un paseo mañana?
-Claro -Harry también cerró sus libros y enrrolló los pergaminos de metro y medio de largo. Tendría que terminar su redacción el domingo. Se frotó los ojos.
-Buenas noches -Ginny le plantó un beso rápido y se fue por la escalera al dormitorio de las chicas. Le resultaba extraño ternerla en clase, pero ya se había acostumbrado.
-Yo también me voy -dijo Hermione-. Buenas noches Ronald.
-Le fastidia que tenga razón... -dijo Ron a Harry pero este miraba a la chimenea-. ¿Lo echas de menos, no es eso?
-¿El qué?
-A Sirius. Esperas que aparezca por la chimenea. Yo... también lo echo de menos -dijo Ron violento.
-Sí, ya. Deberíamos acostarnos también -Harry se puso en pie y Ron le imitó.
A la mañana siguiente, Ginny esperaba a Harry en la entraba del comedor.
-No hace falta. Te he traído esto -le dio un taco de tostadas calientes untadas con mermelada y mantequilla-, y esto.
-Cerveza de mantequilla -la cogió-. Gracias. ¿Has ido a las cocinas? -Se dirigieron hacia los jardines.
-Eh... sí. Pensé que podríamos darnos un capricho -sonrió.
-Sí.
-Sé que estás triste, Harry -dijo Ginny cautelosamente dando un sorbo.
-No es eso...
-Sí lo es. No tienes por qué mentirme -Hubo un silencio-. Cuesta adaptarse a la normalidad.
Harry la miró y se dio cuenta de que cada día su estómago le dolía más cuando la miraba, de que su cabeza no dejaba de zumbar... Se estaba comportando como un idiota. Aquel día, muy lejano en el funeral, él le había prometido que todo sería distinto cuando terminara la guerra, que tendrían todo el tiempo para ellos. Y así era ahora pero él...
-No pasa nada -dijo ella-. Tómate tu tiempo.
-Yo no quiero... que pienses que...
-No pasa nada. Brindemos -dijo alzando su botellín-. Por la vida.
-Por ti Ginny -los botellines se entrechocaron mientras Ginny se sonrojaba. Siguieron bajando hacia el lago en silencio. De repente se oyeron unas voces.
-¡Has cambiado! Ya no eres el mismo -decía una chica evidentemente enfadada.
-¡No es verdad! Bueno... ¿y qué si es así? -dijo él.
-Pues que ya no me resultas nada atractivo -La chica cruzó los brazos.
Ginny y Harry, que se habían parado momentáneamente, se miraron el uno al otro.
-¡Pues lo siento por ti! ¡Tú tampoco es que seas...!
-¡¿Qué?! ¿Qué ibas a decir? -ladró la chica-. ¡Que te den!
Y se fue colina arriba lanzando hechizos a diestro y siniestro mientras dejaba un rastro de chispas de colores. El chico se quedó plantado ahí un momento y volvió en dirección a Harry y Ginny. Cuanto estuvo a dos metros, se paró.
-Hola -balbució en voz baja. Y siguió andando.
-Hola -dijo Ginny. Harry la miró y le dio un codazo. El chico se paró.
-Siento... Yo... Hasta luego -y se fue a pasos más ligeros.
-¿Pero qué haces? ¿Desde cuándo hablamos con él? -dijo Harry irritado.
-¿Desde cuándo nos saluda? -dijo Ginny terminando su bottelín-. ¿Y desde cuándo pide perdón? ¿A nosotros?
-Pero es porque...
-¿Tú crees que las personas pueden cambiar? -Ginny se paró enfrente de él-. ¿Lo crees?
-No sé... Pero él desde luego...
-Concedámosle el beneficio de la duda. Está en deuda contigo.
-Ya. Oye, será mejor que volvamos. Tengo que terminar ese maldito trabajo de pociones.
Ginny le agarró la mano y subieron de vuelta al castillo. Al llegar a la puerta vieron que la chica de antes esperaba al chico. Éste intercambió unas palabras y se fue con ella, mucho más tranquilo.
-Menuda suerte tiene Malfoy, ¿no crees? -dijo Ginny.

No hay comentarios:

Publicar un comentario