2 Personajes de otro tiempo
-¿Es que no te preocupa, Hermione?
-dijo Ron sorprendido por su reacción.
-Claro que me preocupa. Sólo digo que
puede estar con Grawp o tal vez ha ido a ver a Madame Maxime...
-Pero se ha ido sin despedirse -dijo
Ron.
-Ya lo hizo en otra ocasión -suspiró
Hermione-. Cuando...
Los tres sabían cuándo había sido.
-Cuando Dumbledore se lo encargó -dijo
Harry-. Hace tres años.
-Pero eso es diferente -dijo Ron-.
Aquello fue para reclutar a los gigantes...
-De verdad, Ron... -replicó Hermione.
Pero Harry ya no les escuchaba. Tenía
que terminar su redacción y no iba muy bien. Hacía alrededor de
cuatro meses que todo iba relativamente normal, pero eso le parecía
muy extraño. Le estaba resultando hasta difícil no tener problemas,
no perseguir a... al que fuera el mago más tenebroso de todos los
tiempos. Pero la vida seguía. Dumbledore, sus padres, Lupin, Sirius
y todos aquellos que estuvieran en un lugar mejor, lo habrían
querido. Y...
-Hola Harry -saludó una melena
pelirroja por el hueco del retrato, que venía cargada de libros de
la biblioteca.
-Hola Ginny -sonrió.
-Estoy agotada. No puedo hacer nada
ahora mismo. ¿Quieres ir a dar un paseo mañana?
-Claro -Harry también cerró sus
libros y enrrolló los pergaminos de metro y medio de largo. Tendría
que terminar su redacción el domingo. Se frotó los ojos.
-Buenas noches -Ginny le plantó un
beso rápido y se fue por la escalera al dormitorio de las chicas. Le
resultaba extraño ternerla en clase, pero ya se había acostumbrado.
-Yo también me voy -dijo Hermione-.
Buenas noches Ronald.
-Le fastidia que tenga razón... -dijo
Ron a Harry pero este miraba a la chimenea-. ¿Lo echas de menos, no
es eso?
-¿El qué?
-A Sirius. Esperas que aparezca por la
chimenea. Yo... también lo echo de menos -dijo Ron violento.
-Sí, ya. Deberíamos acostarnos
también -Harry se puso en pie y Ron le imitó.
A la mañana siguiente, Ginny esperaba
a Harry en la entraba del comedor.
-No hace falta. Te he traído esto -le
dio un taco de tostadas calientes untadas con mermelada y
mantequilla-, y esto.
-Cerveza de mantequilla -la cogió-.
Gracias. ¿Has ido a las cocinas? -Se dirigieron hacia los jardines.
-Eh... sí. Pensé que podríamos
darnos un capricho -sonrió.
-Sí.
-Sé que estás triste, Harry -dijo
Ginny cautelosamente dando un sorbo.
-No es eso...
-Sí lo es. No tienes por qué mentirme
-Hubo un silencio-. Cuesta adaptarse a la normalidad.
Harry la miró y se dio cuenta de que
cada día su estómago le dolía más cuando la miraba, de que su
cabeza no dejaba de zumbar... Se estaba comportando como un idiota.
Aquel día, muy lejano en el funeral, él le había prometido que
todo sería distinto cuando terminara la guerra, que tendrían todo
el tiempo para ellos. Y así era ahora pero él...
-No pasa nada -dijo ella-. Tómate tu
tiempo.
-Yo no quiero... que pienses que...
-No pasa nada. Brindemos -dijo alzando
su botellín-. Por la vida.
-Por ti Ginny -los botellines se
entrechocaron mientras Ginny se sonrojaba. Siguieron bajando hacia el
lago en silencio. De repente se oyeron unas voces.
-¡Has cambiado! Ya no eres el mismo
-decía una chica evidentemente enfadada.
-¡No es verdad! Bueno... ¿y qué si
es así? -dijo él.
-Pues que ya no me resultas nada
atractivo -La chica cruzó los brazos.
Ginny y Harry, que se habían parado
momentáneamente, se miraron el uno al otro.
-¡Pues lo siento por ti! ¡Tú tampoco
es que seas...!
-¡¿Qué?! ¿Qué ibas a decir? -ladró
la chica-. ¡Que te den!
Y se fue colina arriba lanzando
hechizos a diestro y siniestro mientras dejaba un rastro de chispas
de colores. El chico se quedó plantado ahí un momento y volvió en
dirección a Harry y Ginny. Cuanto estuvo a dos metros, se paró.
-Hola -balbució en voz baja. Y siguió
andando.
-Hola -dijo Ginny. Harry la miró y le
dio un codazo. El chico se paró.
-Siento... Yo... Hasta luego
-y se fue a pasos más ligeros.
-¿Pero qué haces? ¿Desde cuándo
hablamos con él? -dijo Harry irritado.
-¿Desde cuándo nos saluda? -dijo
Ginny terminando su bottelín-. ¿Y desde cuándo pide perdón? ¿A
nosotros?
-Pero es porque...
-¿Tú crees que las personas pueden
cambiar? -Ginny se paró enfrente de él-. ¿Lo crees?
-No sé... Pero él desde luego...
-Concedámosle el beneficio de la duda.
Está en deuda contigo.
-Ya. Oye, será mejor que volvamos.
Tengo que terminar ese maldito trabajo de pociones.
Ginny le agarró la mano y subieron de
vuelta al castillo. Al llegar a la puerta vieron que la chica de
antes esperaba al chico. Éste intercambió unas palabras y se fue
con ella, mucho más tranquilo.
-Menuda suerte tiene Malfoy, ¿no
crees? -dijo Ginny.
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